Ya lo decía la abuela: donde hay pelo, hay alegría

Ilusa de mí, viendo cómo el resto de mi entorno se decidía por apostar por el láser para su depilación, me lancé a la aventura de la guerra contra el vello pensando que esto era coser y cantar.

Tal cual, esto es como lo del matrimonio o la maternidad. La gente te cuenta lo bonito, pero lo feo, los muy mamones, se lo quedan cual almorrana en silencio.

Después de meses dándole vueltas y pidiendo información para ver las tarifas – prohibitivas, abusivas y encima a toca teja que bien parece que te estás metiendo en una segunda hipoteca- me decidí por ir a uno de los Centro Unico de la geografía de mi ciudad. Más que nada porque la gente que conocía se lo había hecho ahí e irradiaban felicidad por los poros sin vello de su cuerpo.

¡En qué momento! Después de pagar el tratamiento integral como si acabara de comprar un tanque de sangre de unicornio con propiedades de vida eterna, me hicieron la prueba para ver cómo reaccionaba la piel ante el impacto de los rayos láser de la pistola de Skywalker.

Todo correcto, un pelín incómodo por la sensación de que te clavaban agujas, pero soportable. Que una ya está curtida en las lides de la cera caliente y no es una lila de manual.

El personal bastante majo, unas más que otras, pero yo siempre pensé que la gente que se dedica a esto en el fondo se cree por encima del bien y del mal por aquello de ser quienes tienen el poder de que no pases ridículo al ponerte la minifalda. Además, después del pastizal, pagas hasta las gafitas de Stevie Wonder que necesitas para la sesión no sea que aún no hayas desembolsado lo suficiente….

Total, que acabamos poniendo fecha a la sesión. Y llegó el día. Y en vez de hacerme todo, una zona por seca y la otra por roja, decidieron que sólo saliera con una de las zonas contratadas laserizada. Que el resto, lo programaríamos para el día siguiente y un par de semanas después acabaríamos la primera ronda.

Que digo yo que no estaría de más que te avisaran de la hidratación, cuidados y mimo con el que tienes que llegar a camilla. Como digo, la primera sesión zonal bien, sin mucho que decir porque fue llevadero.

Pero ay amigo ayer, que tocaba la zona de bikini…¡volví a creer en dios todopoderoso y todos sus hermanos! Qué forma de contención de dolor para no ser la ridícula de la cabina 2 gritando a la pobre chica del rayo láser canibal que alejara sus sucios fogonazos de la entrepierna. A esto no te preparan, sólo te cuentan lo divina que te verás seis sesiones después (inversión a largo plazo porque hasta 18 meses después no acaba el tratamiento). Si la más lista era mi abuela, que no pasaba por estos trances de ingles brasileñas porque como bien decía, «¡hija, donde hay pelo, hay alegría!». Bendita sabiduría la de las ancianas peludas, qué felices eran.

Que digo yo que, con lo que está pasando con otras franquicias, ya es tener fe en que no cierren como para que no te den aunque sea un osito de peluche que puedas morder durante la sesión para no parecer un reo en plena muerte en la silla eléctrica.

A la próxima, en dos semanas, prometo prepararme hasta con un monitor de yoga y relajación para visualizar un río correr. Porque duele, palabrita de rubia.

Sobre el Autor

La Rubia
No hay nada mejor que ir de rubia por la vida. Palabrita de morena con mechas. Me lo enseñaron en un cole de pago como parte del temario y se me quedó grabado a fuego. Es así como me echan hasta la gasolina en las estaciones self service – ¡¡y esto es verídico!! - . Que no se ofendan las oxigenadas, pero te ven rubia y el trato cambia, se asume que hay que facilitarte las cosas...y en esas me encuentro, aguantando ciertas contestaciones que daría pero que no son políticamente correctas y que, o las acabo soltando, o mis neuronas optarían un suicidio masivo. Y así llegamos aquí. Para desquitarme de los inútiles, para soltar mis paranoias y por mi salud mental, mi jefe me hizo este blog como parte de mi terapia de oficina. Porque por muy rubia que seas, llevas una morena dentro...Y LO SABES.

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